
La Inteligencia Artificial (IA) acelera la transformación de la industria automotriz. Esto para mejorar la capacidad de los vehículos para interpretar su entorno, anticipar riesgos y adaptar distintas funciones a las necesidades de cada conductor.
El aprendizaje profundo y la visión artificial permiten que los automóviles procesen información con mayor precisión. Con el objetivo de identificar obstáculos, peatones y otros vehículos. Estas capacidades fortalecen los sistemas avanzados de asistencia a la conducción (ADAS) y preparan el camino hacia una movilidad cada vez más automatizada.
Valeo destaca que la integración de ADAS y funciones de conducción autónoma representa uno de los principales motores de la demanda de IA en el sector. De acuerdo con datos de Fortune Business Insights citados por la compañía, el mercado de inteligencia artificial para la industria automotriz pasará de 14.99 mil millones de dólares en 2026 a 51.68 mil millones en 2034.
Además, Valeo estima que para 2030 alrededor del 90% de los automóviles incorporarán sistemas avanzados de asistencia a la conducción. Mientras que el 50% alcanzará un nivel de autonomía 2 o 2+. Asimismo, cerca de 3 millones de vehículos llegarán a los niveles 3 o 4 de conducción automatizada.
Gilles Mabire, director de tecnología y vicepresidente de proyectos de la división Valeo Brain, señaló que la empresa trabaja desde hace más de 20 años con IA para desarrollar sistemas de asistencia y conducción automatizada.
Los vehículos definidos por software amplían las capacidades de la Inteligencia Artificial en la industria automotriz
La evolución de los vehículos definidos por software (SDV) abre otra oportunidad para aprovechar la inteligencia artificial. Dicha arquitectura concentra la capacidad de procesamiento y reduce el número de controladores independientes para gestionar diferentes funciones del automóvil.
Por ello, los SDV pueden disminuir el cableado, reducir peso y mejorar la eficiencia general de los sistemas eléctricos y electrónicos. De igual manera, su arquitectura facilita las actualizaciones inalámbricas (OTA), con las cuales los fabricantes pueden incorporar nuevas funciones y optimizar el desempeño del vehículo durante su ciclo de vida.
La IA también puede contribuir a mejorar la eficiencia energética, particularmente en los vehículos eléctricos. Al analizar hábitos de conducción, tráfico y condiciones del camino, los sistemas pueden optimizar el consumo de energía y gestionar de forma más eficiente la batería.
Finalmente, la personalización gana relevancia. Los vehículos pueden analizar las preferencias del usuario para adaptar configuraciones de confort, entretenimiento y navegación. Además de sugerir rutas y anticipar determinadas acciones.
De esta manera, la inteligencia artificial deja de representar únicamente una tecnología de asistencia y se convierte en un elemento central para desarrollar vehículos más seguros, eficientes, conectados y capaces de evolucionar mediante software.
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