
Las gasolinas que se distribuyen en México son de menor calidad que las de Estados Unidos y Europa. Lo anterior debido a que contienen más azufre, metanol y etanol, aunque este último esté prohibido en las regulaciones nacionales.
Durante el foro “Combustibles en México. Su impacto en la movilidad, medio ambiente y salud pública”, organizado por la AMDA, Humberto Gómez, profesor de la Facultad de Química de la UNAM, detalló la toxicidad de dicho combustible.
Las gasolinas mexicanas, principalmente distribuidas por PEMEX, tienen una proporción de MTBE (Metil Terbutil Éter) de 6.09%, casi el doble que la de Chevron de 3.82% que procede de Texas.
Además, contienen una gran cantidad de azufre, particularmente nocivo para los catalizadores ya que convierten el combustible en una especie de goma en el motor. A este componente dañino se suman otro tipo de partículas tóxicas como el magnesio, cromo, hierro y zinc, elementos organometálicos poco volátiles.
Estas partículas hacen que, durante la combustión, la gasolina no se incendie, sino que explote, provocando daños en el motor. Por consiguiente, los gases de efecto invernadero aumentan y dejan una importante huella de carbono en el ambiente. Por otra parte, la expulsión de dichos gases provoca que, en menor tiempo, los vehículos dejen de aprobar los controles de verificación.
Aunque todas las gasolinas analizadas (Shell, Repsol, Chevron, Pemex) contienen aditamentos de oxigenación y oleofinas volátiles, responsables de los gases en el ambiente. Los expertos señalan que las de Europa están compuestas mayormente por parafinas, lo cual resulta en un mayor octanage.
A mayor octanage, más enlaces de carbono que permiten que la gasolina se incendie correctamente para producir energía.
Cabe señalar que en el caso particular de Shell se encontró una diferencia entre el combustible que se distribuye en Texas y México. Lo cual indica que no provienen de la misma refinería.
Desde la AMDA, expertos llaman a implementar regulaciones
Actualmente, en México circulan unos 38 mil 607 millones de vehículos, que consumen 38 mil 902 millones 217 mil m3 de combustible. Esta tendencia va en aumento año con años. De ahí la importancia de analizar soluciones para reducir la tendencia y revertir tanto los daños al ambiente como a la salud pública.

En ese sentido, el experto en química Salvador Montero, líder del proyecto Transporte del Centro Mario Molina señaló que la reducción de dicho parque vehicular, así como la transición hacia energías eléctricas limpias y de biocombustibles será positiva. Ya que con ello se evitará hasta 9 mil muertes para 2035.
Todas relacionadas con la toxicidad de los combustibles y daño pulmonar.
Finalmente, Guillermo Rosales, presidente de la AMDA, y Humberto Gómez, químico, coincidieron en la importancia de aplicar nuevas normativas para regular la calidad de las gasolinas.
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