El autotransporte de carga se consolida como un motor vertebral de la economía mexicana al movilizar el 58.3% de la carga nacional. Lo que se tradujo en el traslado de 572 millones de toneladas de mercancías y la generación de más de 2.3 millones de empleos directos durante el último año.
Sin embargo, el sector tiene una flota vehicular con una antigüedad promedio de 19.3 años, según datos del Programa Sectorial de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes 2025-2030.
En este sentido, aprovechar las ventajas de la relocalización de cadenas de suministro de cara a los próximos años exige un enfoque integral. Es decir, que conecte la modernización vial con incentivos reales para la renovación de las flotas.
Tomando en cuenta que el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum proyecta una inversión pública y mixta de 700 mil millones de pesos para la mejora y ampliación de aproximadamente 5 mil km de carreteras, vale preguntar si ¿han cambiado los retos para la productividad del transporte de carga en México?
Sobre todo, porque el informe destaca un avance del 88% en la repavimentación de 51 mil km de carreteras federales libres de peaje. Si bien la modernización de los caminos mejora sustancialmente la movilidad y reduce los tiempos de traslado, la industria advierte que la infraestructura es solo una parte de la ecuación de productividad.
El TCO como eje de la renovación vehicular
Modernizar una carretera mejora la movilidad, pero aprovechar esa infraestructura también requiere vehículos más eficientes, seguros y adecuados a la operación. “Renovar una flota es lograr que la nueva unidad tenga sentido económico y operativo para quien la trabaja”, señala Ernesto del Blanco, director general de ELAM-FAW Trucks.
Para los operadores y empresarios del transporte, la decisión de sustituir una unidad no se limita al precio de lista del camión. El costo real de operación se rige bajo el Costo Total de Propiedad (TCO), que integra financiamiento, abasto de refacciones y primas de seguro. Además de mantenimiento preventivo y correctivo, rendimiento de combustible y tiempo efectivo en operación.
Para mitigar esta barrera, la política pública ha comenzado a alinearse con las necesidades de los hombres-camión y las flotas medianas. Por ejemplo, los Lineamientos del Programa de Sustitución y Modernización de Vehículos Pesados, publicados en mayo, vinculan directamente la renovación de las unidades con la reducción de costos logísticos y el incremento de la seguridad vial.
La SICT anunció un esquema financiero respaldado por NAFIN para facilitar el acceso a vehículos nuevos o seminuevas a micro y pequeños transportistas. No obstante, la transición hacia un transporte más eficiente y sustentable no cuenta con una solución única. Lo que indica que no han cambiado los retos para la productividad del transporte de carga en México.
Las necesidades operativas difieren drásticamente entre la distribución urbana de última milla, los corredores regionales y las rutas de larga distancia.
Tecnología en el avance del autotransporte
Factores como la autonomía, la capacidad de arrastre, la infraestructura de recarga o abasto energético y la orografía del país determinan la viabilidad de cada tecnología. Abriendo un abanico de opciones que incluye el diésel de ultra bajo azufre, el gas natural vehicular (GNV) y la electrificación.
Bajo este contexto, la configuración de los vehículos pesados debe responder a las condiciones reales de las rutas mexicanas. La integración de la telemetría avanzada y los ADAS no deben adoptarse como accesorios estéticos, sino como herramientas predictivas capaces de identificar hábitos de manejo, mitigar riesgos de siniestralidad y optimizar los ciclos de mantenimiento de la flota.
En conclusión, el impacto macroeconómico de la inversión en infraestructura carretera alcanzará su máximo potencial únicamente si el parque vehicular está preparado para capitalizarlo. Diseñar esquemas accesibles de renovación e incorporar tecnología con sentido de negocio serán las claves para convertir los kilómetros pavimentados en verdadera rentabilidad logística.
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