La electrificación del transporte en América Latina ha abierto nuevas oportunidades para los fabricantes, operadores de flotas, empresas energéticas y desarrolladores de infraestructura. Sin embargo, con el crecimiento del parque vehicular eléctrico se han planteado desafíos relacionados con la disponibilidad de energía. Así como con la instalación de cargadores y la adaptación de las soluciones a cada tipo de usuario.
Estos temas formaron parte de la ponencia “Electrification across Latin America: Here are the Biggest Opportunities”, durante el FLEET LATAM SUMMIT 2026, en la que participaron:
- Arq. Miguel Ángel Bravo, Co-founder & Chief Product Architect de Beyond Movilidad Compartida
- Rogerio Nakamura, Services Manager de Roche
- Germán García Vilches, Charging Infrastructure Director de Vemo
- Fernanda Jiménez, Head of B2D Sales – LatAm de Tesla.
Durante dicha conversación, los especialistas coincidieron en que la expansión de la movilidad eléctrica requiere analizar primero las necesidades de cada operación. Siendo una solución residencial, por ejemplo, presenta requerimientos muy diferentes frente a una flota de transporte de pasajeros que recorre cientos de kilómetros diariamente.
Por esto, antes de definir el tipo de cargador, es necesario conocer los recorridos, horarios, kilometraje y tiempos disponibles para recargar cada vehículo.
En el segmento residencial, las tecnologías de smart charging y load balancing pueden ayudar a administrar la demanda y distribuir mejor la potencia disponible. Estas herramientas permiten aprovechar los periodos de menor consumo y reducir la necesidad de concentrar grandes cantidades de energía en un solo punto.
La carga rápida crecerá con las necesidades de las flotas
Para el desarrollo de infraestructura en centros de recarga de mayor potencia es otra de las oportunidades para la región. Durante la ponencia se mencionaron proyectos actuales de 120 kilowatts, así como desarrollos que alcanzarán capacidades de 360 y 400 kW.
Sin embargo, los expertos señalaron que debe responder a una necesidad concreta. Ya que un automóvil particular puede permanecer conectado durante varias horas. Mientras que una unidad destinada al transporte de pasajeros requerirá recuperar energía en periodos mucho más cortos.
Esta diferencia también determina la estrategia de las empresas. Una flota de alto kilometraje puede justificar la instalación de supercargadores. Mientras que un usuario particular puede resolver buena parte de sus necesidades mediante una instalación residencial y recargas nocturnas.
A la infraestructura de recarga se suma el almacenamiento energético. Donde los sistemas estacionarios pueden acumular electricidad durante las horas valle y entregar energía y potencia para cargar vehículos. De esta manera, el almacenamiento puede ayudar a reducir la presión sobre la red eléctrica, facilitando la operación de centros de carga de gran capacidad.
La participación del sector privado también tendrá un papel relevante. Durante el panel también se destacó la colaboración entre fabricantes, empresas, operadores y propietarios de espacios. Esto para instalar cargadores en aeropuertos, corredores y otros puntos públicos.
En este modelo, los propietarios de los espacios pueden participar en la inversión y obtener beneficios económicos asociados con la operación de los cargadores.
Tesla apuesta por conectar las ciudades mexicanas con infraestructura de recarga
Fernanda Jiménez explicó que, para Tesla, el desarrollo de la red de supercargadores debe acompañar la expansión de la marca en México.
Dicha estrategia consiste en conectar las nuevas ciudades, en donde Tesla pueda ampliar su presencia comercial con corredores que permitan a los usuarios desplazarse entre distintos puntos del país.
Como ejemplo, señaló que la llegada a San Luis Potosí, donde se requiere conectar esta ciudad con Ciudad de México y Querétaro. Mediante infraestructura de recarga que permita a los propietarios de vehículos eléctricos realizar estos recorridos.
Con esta expansión también contempla proyectos con terceros, entre ellos aeropuertos y otros espacios públicos. En los que estos esquemas permiten distribuir la inversión entre diferentes participantes, ampliando la disponibilidad de supercargadores.
Por su parte, Germán García Vilches pudo destacar la necesidad de desarrollar soluciones de diferentes escalas. También se mencionó durante la ponencia, las instalaciones de uno y dos megawatts, así como un proyecto de 6.2 megawatts en Satélite, Ciudad de México.
Donde existen soluciones de menor escala que pueden instalarse en diferentes entidades. Vemo señaló que actualmente cuenta con presencia en 18 estados, con proyectos destinados a distintos perfiles de clientes.
De esta manera, la expansión de la red no tendrá que concentrarse exclusivamente en las grandes ciudades. Los corredores carreteros y las regiones con crecimiento en la adopción de vehículos eléctricos también requerirán soluciones de recarga.
Robo, vandalismo y mantenimiento, nuevos desafíos
El crecimiento de los puntos de recarga también representa un riesgo operativo. Durante la ponencia, se logró reconocer que el robo de cables y el vandalismo pueden dejar fuera de servicio una estación, generando costos adicionales para los operadores.
Después de varios años de experiencia en el desarrollo de infraestructura, las empresas han tenido que incorporar medidas de protección y seguros para enfrentar estos incidentes.
Por ello, aumentar el número de cargadores no será suficiente. En ese caso los operadores también tendrán que garantizar su disponibilidad, mantenimiento y seguridad para que la expansión de la red se traduzca en un servicio confiable.
Otro desafío se encuentra en el valor residual de los vehículos eléctricos. Esto debido a que el mercado de usados todavía se encuentra en una etapa de desarrollo en Latinoamérica. Existiendo interrogantes sobre cuánto conservarán su valor las unidades después de varios años.
En este aspecto, las garantías de las baterías y los programas de servicio posventa pueden ayudar a generar confianza. Los participantes también señalaron que el estado de salud de la batería tendrá una importancia creciente en la valoración de los vehículos usados.
Además, el software puede convertirse en otro elemento que influya en el valor de las unidades. Las funciones avanzadas de asistencia a la conducción y el desarrollo del manejo autónomo podrían modificar la propuesta de valor de los vehículos conforme estas tecnologías evolucionen.
Cada tecnología responderá a un tipo de usuario
La evolución de las baterías también determinará el desarrollo de la movilidad eléctrica. Durante la conversación se mencionaron tecnologías de sodio, ion-litio y baterías de estado sólido. Cada una con características diferentes en materia de costo, peso, densidad energética y duración.
La elección dependerá nuevamente del uso. Para determinadas operaciones puede resultar prioritario maximizar la vida útil de la batería. Mientras que otras necesitarán mayor autonomía o velocidades de carga superiores.
En este contexto, también se planteó el uso de baterías de litio-ferrofosfato (LFP) en sistemas de 400 voltios. Esto como una alternativa orientada a maximizar los ciclos de vida. Además, cuando una batería deja de resultar adecuada para un vehículo, todavía puede conservar capacidad suficiente para utilizarse en almacenamiento estacionario.
Así, la economía circular puede convertirse en una parte importante del ecosistema eléctrico.
Finalmente, los participantes abordaron el papel de los incentivos gubernamentales. Los casos de distintos países latinoamericanos muestran estrategias diferentes para impulsar la electrificación. Mientras que en México existen antecedentes de incorporación de autobuses eléctricos al transporte público, como el proyecto piloto de la Línea 3 del Metrobús de la Ciudad de México.
La discusión dejó sobre la mesa que el crecimiento de la movilidad eléctrica en América Latina dependerá de múltiples factores que deberán avanzar de manera coordinada: vehículos, infraestructura de carga, almacenamiento energético, tarifas, inversión privada, incentivos, seguridad, baterías y nuevas tecnologías.
Más que incrementar únicamente el número de vehículos eléctricos, el desafío consiste en desarrollar un ecosistema que permita utilizarlos de manera eficiente tanto en las ciudades como en los principales corredores de movilidad de la región.
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