
El crecimiento acelerado del comercio electrónico está transformando la logística urbana. Elevando la presión sobre las empresas encargadas de distribuir mercancías dentro de las ciudades. Cada compra en línea genera nuevos desafíos para las operaciones de entrega, desde la planificación de rutas hasta la disponibilidad de vehículos y la capacidad de respuesta en la llamada última milla.
La magnitud del fenómeno refleja una tendencia global. De acuerdo con la UNCTAD, el comercio electrónico creció cerca de 60% entre 2016 y 2022. Hasta alcanzar los 27 billones de dólares. Como consecuencia, las empresas enfrentan operaciones más fragmentadas, con entregas más frecuentes, tiempos de servicio reducidos y una creciente demanda de eficiencia.
En este contexto, Element Fleet Management, empresa especializada en administración de flotas y movilidad corporativa, identifica diversos factores que están redefiniendo la distribución urbana.
Uno de los principales retos radica en el aumento de las entregas frente a una infraestructura que no crece al mismo ritmo. El Foro Económico Mundial (WEF) proyecta que las entregas urbanas aumentarán 78% hacia 2030 respecto a 2019. Mientras que los vehículos de reparto crecerán apenas 36%. Esta diferencia anticipa una mayor presión sobre el tráfico urbano, los tiempos de distribución y los costos operativos.
Tecnología y coordinación, claves para la rentabilidad de movilidad urbana
Ante este escenario, las empresas priorizan la eficiencia de flota por encima de la expansión de vehículos. Herramientas como la telemática, el monitoreo en tiempo real, el análisis de datos y la planeación dinámica de rutas. Permiten optimizar recursos, reducir recorridos improductivos y mantener niveles competitivos de servicio.
Asimismo, los centros urbanos de distribución cobran mayor relevancia. Estos espacios acercan los inventarios a las zonas de consumo, reducen trayectos largos y contribuyen a disminuir la saturación vial, lo que mejora la eficiencia de las operaciones de última milla.
La experiencia del consumidor también depende cada vez más del desempeño logístico. Factores como la precisión de entrega, la visibilidad en tiempo real y la capacidad de adaptación. Ante cambios en la demanda influyen directamente en la percepción del servicio.
Además, la logística actual funciona como una red interconectada donde vehículos, centros de distribución y datos operativos trabajan de manera coordinada. Por ello, la gestión de flotas adquiere un papel estratégico para sincronizar recursos y responder con mayor rapidez a las necesidades del mercado.
Los especialistas coinciden en que la última milla se consolidó como el principal indicador de eficiencia dentro del comercio digital. En consecuencia, las empresas que logren integrar tecnología, planeación estratégica y coordinación operativa tendrán mayores posibilidades de mantener la rentabilidad en un entorno cada vez más exigente.
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