
La electrificación ya es una realidad para el transporte público en América Latina, que este 2026 superó el récord histórico de los 10 mil autobuses eléctricos circulando en más de 80 ciudades de 13 países de la región.
Durante la feria de transporte Lat Bus 2026, C40 Cities y el Consejo Internacional de Transporte Limpio (ICCT) dieron a conocer la estadística de E-Bus Radar. Misma que precisó que el mayor desarrollo de la movilidad eléctrica ha tenido lugar en ciudades como Sao Paulo, Brasil; Bogotá, Colombia, o Santiago, en Chile. Metrópolis que, en su conjunto, poseen 7 mil de los 10 mil autobuses totales en circulación.
De acuerdo con las organizaciones, éste hito es resultado de los esfuerzos coordinados para promover la electrificación de las flotas de transporte público. El principal medio de traslados en América Latina.
Los datos recopilados por E-Bus Radar también demuestran que el uso de autobuses eléctricos evita la emisión de más de 10 millones de toneladas de C02 al año.
La adopción de autobuses eléctricos en el transporte público de América Latina surge como una respuesta contundente ante el cambio climático. Y como una forma de encaminarse hacia los objetivos de descarbonización pactados globalmente.
Brasil lidera la transición eléctrica en el transporte público
Sao Paulo, Brasil, es el ejemplo más contundente de cómo la movilidad eléctrica ha ganado terreno. Esta ciudad ya cuenta con la segunda flota eléctrica más grande en la región.
En junio de 2026, con la incorporación de 500 autobuses eléctricos, la ciudad brasileña sumó un total de mil 759 unidades EV en circulación. Cabe precisar que su flota está integrada por mil 570 autobuses de batería y 180 trolebuses.
Dicha flota evita la emisión de hasta 130 mil toneladas de C02 y permiten ahorrar 57 millones de litros de diésel al año.
Sin embargo, el éxito de Sao Paulo en la movilidad eléctrica no sólo radica en el tamaño de su flota, sino en su modelo de financiación y en su política de movilidad.
Autoridades locales, echaron a andar un programa de inversión de cerca de mil 200 millones de dólares. El programa avalado por la banca nacional, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo se enlazó con una política que prohíbe que la sustitución de autobuses obsoletos sea con unidades de combustión.
Algo que muestra que dar el salto a la movilidad eléctrica, implica encontrar modelos de financiación adecuados para cada país.

La transición llega a otras latitudes
Desde 2019, C40 y el ICCT han colaborado con ciudades como São Paulo, Bogotá, Ciudad de México, Salvador y Curitiba para desarrollar modelos de financiamiento que impulsen la electromovilidad.
El objetivo es que Gobiernos, armadoras y operadoras puedan trabajar en sintonía con modelos que permitan acelerar la transición eléctrica en el transporte público.
Otros proyectos muestran el avance de esta estrategia. Recife formalizó una inversión de 319 millones de reales para adquirir 100 autobuses eléctricos y sistemas de carga. Por otra parte, El Salvador trabaja para electrificar al menos la mitad de su flota BRT.
El caso latinoamericano demuestra así que la transición eléctrica del transporte público dependerá de una combinación de políticas regulatorias, financiamiento, infraestructura de carga y renovación planificada de las flotas.
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