La transformación de la industria automotriz está elevando la importancia de contar con una proveeduría capaz de responder a cambios en la demanda, nuevas tecnologías y mayores requerimientos de producción. Por lo que mantener capacidades de manufactura bajo control propio, así como construir relaciones más estrechas entre proveedores tecnológicos, fabricantes y Tier 1 se conviert en en factores estratégicos.
Durante una conferencia La Nueva Era de los Semiconductores en América del Norte, Mario Almela, Regional Sales Manager, Texas Instruments, destacó que su compañía sigue manteniendo alrededor de 90% de la producción de sus componentes bajo control propio. Siendo esta una característica que se considera fortaleza ante escenarios de alta demanda o cambios en las condiciones del mercado.
La empresa produce aproximadamente 100 millones de componentes al día, alrededor de 3 mil millones al mes y cerca de 40 mil millones al año. Esto permite tener mayor control sobre los procesos de manufactura, respondiendo con mayor rapidez cuando cambian las necesidades de sus clientes.
Sumando a su portafolio más de 80 mil productos, mismos destinados a diferentes sectores, entre ellos el automotriz. Aunque una oferta de esta magnitud puede representar retos de gestión y producción, también permite atender distintos mercados y diversificar las aplicaciones de la tecnología desarrollada.
Una proveeduría automotriz más cercana con proveedores y fabricantes
Ante este panorama, la relación tradicional entre proveedores y fabricantes sufre modificaciones. Ya que en la industria se anticipa a las necesidades de sus clientes, desarrollando de esta manera las capacidades antes de que aparezcan nuevos programas o incrementos de demanda.
Es por esto que Almela logró destacar la necesidad de construir alianzas más estrechas entre proveedores de tecnología, OEMs y empresas Tier 1. El objetivo consiste en compartir información sobre qué componentes se necesitan, en qué momento y bajo qué características, para que los proveedores puedan preparar capacidad productiva con anticipación.
La experiencia acumulada durante décadas en la industria representa, una herramienta para identificar ciclos de mercado, lo que ayuda a tomar decisiones de inversión. Sin embargo, el conocimiento histórico debe complementarse con una comunicación constante con los fabricantes.
Dicha cercanía entre los diferentes integrantes del ecosistema permitirá detectar oportunidades y preparar capacidad antes de que la demanda se materialice. Para los proveedores tecnológicos, esto significa pasar de una relación basada exclusivamente en atender pedidos a una dinámica de colaboración que permita anticipar necesidades.
El verdadero reto adquiere mayor relevancia en un mercado automotriz que atraviesa una transformación tecnológica acelerada. A su vez, la electrificación, los sistemas avanzados de asistencia, la conectividad y la automatización incrementan el contenido electrónico de los vehículos. Con ello, la importancia de contar con una proveeduría tecnológica sólida.
Semiconductores, el nuevo componente estratégico
Dentro de este escenario, los semiconductores ocupan un lugar central, funcionando como elementos fundamentales de los sistemas electrónicos modernos. A su vez requieren procesos de fabricación altamente especializados.
La manufactura de un semiconductor comienza con una oblea de silicio y atraviesa cientos de etapas de procesamiento hasta convertirse en una superficie que contiene millones de chips. Este proceso combina ingeniería, tecnología avanzada de manufactura y conocimiento especializado.
La complejidad de esta fabricación ayuda a dimensionar el reto que representa desarrollar capacidades regionales en este segmento. Para la industria automotriz, los semiconductores forman parte de una infraestructura tecnológica cada vez más indispensable. Que va desde sistemas electrónicos y de control hasta funciones asociadas con la electrificación y la asistencia a la conducción.
Durante la presentación, Mario Almela mostró el proceso de fabricación de semiconductores en una planta ubicada en Richardson, Texas, como ejemplo de la infraestructura y especialización que requiere esta actividad.
El contenido del video también permitió conectar la manufactura de componentes con uno de los principales desafíos de la industria: construir una proveeduría capaz de acompañar el crecimiento tecnológico del vehículo sin depender exclusivamente de capacidades ubicadas fuera de Norteamérica.
Capacidad para anticipar la demanda
Más allá de la producción de componentes, la estrategia expuesta pone el foco en la capacidad de anticipación. El mantener infraestructura manufacturera, desarrollar tecnología y conocer las necesidades de los clientes permite reducir los tiempos de respuesta cuando aparecen nuevas oportunidades.
La diversificación del portafolio también funciona como una herramienta para enfrentar ciclos diferentes entre industrias. Una empresa con presencia en distintos sectores puede aprovechar capacidades productivas y tecnológicas de acuerdo con la evolución de cada mercado.
En el caso automotriz, esta flexibilidad adquiere especial importancia ante la coexistencia de distintas tecnologías y la evolución de los vehículos.
La manufactura, por tanto, deja de ser únicamente una cuestión de volumen, para dar paso a la capacidad de producir, adaptar procesos, invertir oportunamente y colaborar con los clientes. Misma que forma parte de una estrategia más amplia para construir una proveeduría tecnológica resiliente.
En este contexto, los semiconductores representan uno de los componentes más sofisticados de la nueva arquitectura automotriz. Mientras que la capacidad manufacturera y la colaboración regional serán factores determinantes para sostener la competitividad de Norteamérica.
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