México y Estados Unidos acordaron una cuarta ronda de negociaciones sobre el T-MEC en septiembre próximo, luego de que, durante la tercera reunión sostenida por el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, en la Ciudad de México, surgieran desacuerdos con la delegación estadounidense relativos a las Reglas de Origen, especialmente en aquellas que impactan a la industria automotriz.
Desde el inicio de las conversaciones, las Reglas de Origen han figurado como uno de los principales puntos de desavenencia entre ambas naciones. Especialistas han señalado que al elevar el contenido regional de los productos facturados en Norteamérica, Estados Unidos busca su reindustrialización, estableciendo hasta un 90% de contenido fabricado o procedente de América del Norte.
En una reciente intervención ante la Comisión de Finanzas de Estados Unidos, Jamieson Greer aseguró que la renegociación de las reglas permitirá a Washington incentivar y fortalecer la producción en el país vecino, mitigando los riesgos que representan las economías que no se basan en el mercado.
“Queremos que las reglas del T-MEC sean muy sólidas. Queremos incentivar la producción en América del Norte en lugar de otras naciones que tienen mucha capacidad excedente o prácticas no basadas en el mercado.”
México dispuesto a dialogar sobre Reglas de Origen
Ante la disyuntiva, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, adelantó que está dispuesta a negociar el contenido regional, siempre y cuando las modificaciones reconozcan de forma equitativa la producción de cada país y no sean únicamente en beneficio de una sola nación.
“Lo que nosotros estamos buscando es que las reglas, aunque aumenten del 70 al 90 por ciento, sean regionales. O sea que no solamente se descuente lo fabricado en Estados Unidos, sino también lo hecho en México”, aseveró la mandataria, aclarando además que en cuanto a los aranceles México se mantiene sin asumir el nuevo arancel del 10% relacionado con el trabajo forzoso.
Por otra parte, las exportaciones amparadas en el T-MEC conservarán una tasa de 0%, con excepción del acero, el aluminio y algunos sectores de la industria automotriz. Del otro lado de la frontera, el United States Council for International Business extendió una misiva a Jamieson Greer rechazando el endurecimiento y pidiendo extender el tratado hasta 2042.
La organización argumentó que el endurecimiento de las reglas de origen podría debilitar la cadena de suministro en Norteamérica, un efecto completamente contrario al que se busca. Será hasta septiembre cuando se conozca si la elevación de contenido regional será una realidad para los sectores automotriz, farmacéutico y electrónico.
De acuerdo con el Instituto Económico de Corea, 3 de cada 4 importaciones que Estados Unidos obtiene de México son de bienes intermedios o capital, evidenciando una integración perfecta donde se intercambian más piezas que productos terminados.
Integración perfecta y un futuro incierto
Por ello, el incremento de las reglas de origen generará indudablemente un aumento en los costos en toda la región, debilitando a la industria en lugar de fortalecerla. A esto se suma la incertidumbre generada por las decisiones de Estados Unidos en torno al tratado.
Especialistas apuntan a un escenario donde México podría salir beneficiado si logra mantener la certeza jurídica y la permanencia del acuerdo con ajustes puntuales, conservando su posición privilegiada para el nearshoring, especialmente en el sector automotriz.
“El escenario más adverso estaría marcado por el endurecimiento de las políticas proteccionistas, la imposición de nuevos aranceles y la creciente desvinculación de las cadenas de suministro.”
Sin embargo, los expertos advierten sobre el riesgo de las negociaciones prolongadas y las exigencias cada vez mayores, factores que podrían retrasar la llegada de nuevas inversiones extranjeras a territorio nacional.
El panorama más complejo involucraría políticas proteccionistas extremas y barreras comerciales que reducirían la competitividad regional y afectarían el crecimiento económico sostenido de México.
La cuarta ronda de negociaciones en septiembre marcará el rumbo definitivo para determinar si el bloque comercial logra consensos o profundiza sus diferencias estructurales.

