La industria automotriz atraviesa una reconfiguración que obliga a México a fortalecer sus capacidades productivas y tecnológicas. Para Daniel Hernández, director del Clúster Automotriz de Querétaro, los proveedores enfrentan un escenario diferente al de hace dos o tres años, marcado por cambios en el mercado estadounidense, nuevas condiciones geopolíticas y el crecimiento acelerado de China.

Después de un periodo de contracción, el mercado estadounidense muestra señales de recuperación y vuelve a impulsar las cadenas de suministro. Sin embargo, este entorno convive con una transformación estructural: China incrementó de manera significativa su producción y su participación en las exportaciones globales de vehículos.

Hernández destacó que China actualmente produce alrededor de 36% de los vehículos del mundo y supera los 34 millones de unidades anuales. Además, señaló que el país asiático pasó de exportar aproximadamente 700 mil vehículos hace una década a colocar alrededor de siete millones en los mercados internacionales el año pasado.

Este crecimiento añade presión sobre los costos y modifica las opciones disponibles para los consumidores. Por consiguiente, los proveedores mexicanos necesitan revisar sus procesos para mantener competitividad frente a productos que llegan con estructuras de costos diferentes.

En este nuevo escenario, los aranceles representan solo uno de los factores que deben considerar las empresas. Para Hernández, la eficiencia, la escala productiva y la capacidad para reducir costos adquieren una importancia creciente.

Por ello, cumplir con la regla de valor de contenido regional del T-MEC representa una herramienta relevante para las empresas instaladas en Norteamérica. El directivo explicó que quienes cumplen con esta condición se verían beneficiados al mantener las ventajas que ofrece el acuerdo comercial entre México, Estados Unidos y Canadá.

Además, México conserva una posición importante dentro de la cadena regional. Hernández señaló en entrevista con este medio que más de 40% de las importaciones estadounidenses de componentes automotrices provenientes del mundo tienen origen mexicano.

Esta integración permite que fabricantes y proveedores de ambos países mantengan una relación de complementariedad. Pero este escenario también exige una mayor eficiencia. La competitividad ya no depende únicamente de la capacidad manufacturera, pues las empresas necesitan incorporar tecnología y mejorar continuamente sus operaciones.

En este sentido, la automatización, el control de calidad y la optimización de procesos pueden ayudar a reducir las diferencias de costos frente a vehículos y componentes provenientes de otras regiones.

“La vinculación con universidades y ecosistemas de innovación también resulta determinante.”

El contenido regional toma relevancia

Los proveedores Tier 2 y Tier 3 representan una de las áreas con mayor oportunidad de desarrollo. Aunque México cuenta con empresas consolidadas y competitivas, Hernández consideró necesario ampliar esa base y elevar las capacidades de más compañías.

Para lograrlo, el financiamiento adquiere un papel fundamental. Las empresas necesitan recursos para incorporar maquinaria, digitalizar procesos y desarrollar nuevas capacidades. Al mismo tiempo, requieren talento especializado que les permita aprovechar esas herramientas.

La vinculación con universidades y ecosistemas de innovación también resulta determinante. De acuerdo con Hernández, una política de desarrollo de proveedores debe acercar a las empresas pequeñas y medianas con instituciones educativas, centros de investigación y organismos capaces de acelerar su transformación tecnológica.

Así, la oportunidad que ofrece el contenido regional no depende únicamente de fabricar dentro de México. También requiere contar con proveedores capaces de cumplir estándares internacionales y responder a las necesidades de las armadoras y los Tier 1.

México mantiene ventajas estructurales para aprovechar esta reconfiguración. Su red de acuerdos comerciales, conectividad, infraestructura y acceso a mercados internacionales favorecen la llegada de inversiones. Además, las regiones Norte y Bajío concentran cerca de 80% de la producción nacional de autopartes y vehículos, según los datos compartidos por el directivo.

El siguiente paso para las empresas mexicanas consiste en modificar su papel dentro de la cadena automotriz. Hernández planteó que un proveedor ya no puede limitarse a fabricar componentes con calidad y eficiencia.

En cambio, necesita convertirse en un socio tecnológico que participe desde las primeras etapas de desarrollo, lo que implica involucrarse en ingeniería, investigación de materiales, validación, prototipado e innovación.

36% Hernández destacó que China actualmente produce alrededor de 36% de los vehículos del mundo y supera los 34 millones de unidades anuales.

Tier 2 y Tier 3 enfrentan el siguiente reto

Incluso la cercanía con los ciclos de ingeniería puede abrir nuevas oportunidades para la proveeduría nacional. A medida que las cadenas regionales integren más actividades de desarrollo, las empresas mexicanas podrán participar en la creación de nuevos productos y materiales. Además, esta evolución puede llevarlas hacia el desarrollo de tecnología propia.

Muy importante es el planteamiento del director del Clúster Automotriz de Querétaro: una ruta que comience con la manufactura, continúe con la ingeniería y la innovación, y posteriormente avance hacia el diseño de productos patentables.

El reto consiste en dejar de concebir la capacidad instalada como el punto final. Una máquina eficiente permite producir, pero la innovación puede convertir esa capacidad en una tecnología propia con posibilidades de llegar al mercado.

Finalmente, el gobierno mexicano también tiene un papel dentro de esta transformación. Hernández consideró necesario impulsar políticas nacionales y locales que faciliten el acceso a un financiamiento competitivo, certificaciones, tecnología y capacitación.

Asimismo, planteó fortalecer laboratorios, centros de investigación y mecanismos de vinculación con la iniciativa privada. Sin olvidar que el talento requiere atención desde el sistema educativo y los centros de formación para el trabajo.

En este contexto, el Plan México incorpora algunas de estas ambiciones, aunque el directivo destacó la necesidad de materializarlas mediante políticas concretas y coordinadas con las estrategias regionales.

Para la industria automotriz mexicana, el nuevo orden plantea una ruta clara: mantener su fortaleza manufacturera mientras desarrolla innovación, talento y tecnología propia. De esta manera, los proveedores podrán integrarse con mayor profundidad a las cadenas globales y responder a un mercado cada vez más competitivo.